Un paisaje herido por las acciones del hombre, la fragmentación del paisaje urbano y los edificios insensibles son todos hitos externos de un espacio interior alienado y hecho añicos
(Pallasma, 2016:71)
La neuroarquitectura es un enfoque arquitectónico que se basa en la neurociencia y sus respectivas herramientas de estudio para entender como el entorno construido afecta la actividad cerebral, el comportamiento y el bienestar de los usuarios y ciudadanos. Su propósito es simple; diseñar bajo el mayor criterio de objetividad un espacio que cumpla con un espectro detallado de funciones para el usuario.
Se sabe que el entorno físico influye directamente en nuestra percepción cognitiva, por lo que no vas a diseñar de la misma manera un hospital que una escuela para niños de preescolar, ambos lugares son mundos completamente diferentes, dónde se desenvuelven distintas actividades y cuidados diarios; Mientras que en uno tratas de eliminar la sensación de frialdad por el exceso de colores e iluminación fría incorporando colores alegres, iluminación natural o calidad, así como hacer uso de ventanas para eliminar la sensación de encierro, en el otro buscas una disruptiva composición arquitectónica bajo un estudio de colorimetría basado en neurociencia con la finalidad de fomentar el aprendizaje y el desarrollo del estudiante.
Habiendo explicado lo qué es la neuroarquitectura y su propósito, podemos ahondar en su hermano mayor, el neurourbanismo, el cual también hace uso de la neurociencia para la planificación urbana y diseño de entornos urbanos para poder entender como la estructura y el diseño de ciudades afectan la salud mental, el bienestar y el comportamiento de las personas.
Su principio busca diseñar ciudades que promuevan un entorno saludable y sostenible desde el punto de vista psicológico, lo que daría pie a la creación de espacios verdes accesibles, la reducción de la contaminación acústica, la planificación de calles peatonales amigables, entre otras intervenciones urbanísticas destinadas a mejorar la experiencia y el bienestar de quienes viven en las ciudades.
El desarrollo irresponsable a diestra y siniestra de giros incompatibles en usos de suelo protegidos, donde claramente no debería de construirse, es el principal síntoma de una ciudad enferma que no está siendo atendida, y que claramente no cuenta con parámetros técnicos que ayuden al correcto aprovechamiento urbanizable del suelo.
Esta interdisciplina debería ser método de estudio, puesto que la ciudad de Chihuahua actualmente está pasando por una gran ola de cambios urbanos y cada día se hace más notable; una clara expansión del centro de población, incremento de la densidad vehicular, cambios desvirtuados de los usos de suelo, entre muchos más. Todo esto forma parte de una bomba de tiempo que muy pronto nos pasará factura.
Dichos factores contribuyen al estrés colectivo, que se produce cuando la densidad social en la ciudad viene acompañada de anonimato y soledad, por lo que, en palabras de Mazda Allí y cito: “”. El cual es un claro indicador de que las ciudades del siglo XXI deben brindar lugares donde lo natural y lo artificial convivan de manera simultánea, creando una sinergia donde sus habitantes puedan encontrar fácilmente lo que necesiten a minutos de distancia, a esto se le llama , pero dejaremos este tema para próximos capítulos donde se expondrán algunos casos análogos para poder entender como podemos encaminar nuestra ciudad hacía un futuro urbano más próspero, ético y armonioso.